Ni soy poeta ni pretendo serlo, pero en un reciente viaje de interminables horas en tren, me vino la inspiración y escribí estos intentos de haiku. O quizá no fue inspiración, quizá era simplemente ganas de darle uso al lápiz que tenía en la mano. Sea como fuere, aquí están.

Verdaderamente no son haikus, pues no respetan las normas formales que se exigen para serlo. Tampoco tercetos, por la misma razón. Sean lo que sean, espero que te gusten.

El viento y la hoja

Sopla el viento,
mueve la hoja.
El árbol lo siente

Sopla el viento,
mueve la rama.
¿A quién le importa?

Quieto está el viento,
se mueve la hoja.
¿Qué  ha sido eso?

Quieto está el aire,
no mueve la hoja.
La extinción del viento. 

La hoja se mueve
y mueve al viento.
¿Quién empezó?

Hoja, viento, movimiento:
Ausencia de causa,
y también de efecto.

Aire sin viento: lógica.
Viento sin aire: locura.
Ni aire ni viento: verdad.
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