Ahora es el momento, así que siéntate en una postura cómoda y relájate, vas a meditar hasta fundirte con tu entorno. Da igual si lo haces en una silla, en el suelo, en la postura del loto o donde te de la gana. Tampoco importa si estás en tu casa o en la más verde de todas las praderas. Con la espalda recta pero sin tensarla, presta unos instantes de atención:

Mantén durante un momento la atención en tu cuerpo. Siente el contacto con la superficie sobre la que estás sentado. Siente cómo tus miembros se relajan poco a poco hasta acomodarse a la nueva postura, o cómo se tensan para mantenerla… (si pasa lo segundo, adopta una postura más natural). Se plenamente consciente de todos tus miembros y sentidos, y de las sensaciones que estos te aportan: el frío o calor de la superficie sobre la que te sientas, el ruido que percibes, el ambiente que te rodea, etc.. Primero escanea tu cuerpo miembro por miembro, siendo consciente tanto de su exterior como de su interior, y luego se consciente de la totalidad de tu cuerpo. 

MeditacionPresta atención ahora a lo que pasa en tu mente. Deja que los pensamientos e ideas surjan, fluyan y desaparezcan de manera natural. No intentes controlar lo que piensas ni dejar de pensar, simplemente observa. Probablemente tu mente sea un torrente de ideas, recuerdos, sentimientos y emociones. O probablemente tengas la mente serena y no haya tal torrente. En cualquier caso, observa y se consciente de lo que en tu mente se produce. Si alguna de esas ideas capta tu atención y sin darte cuenta empiezas a reflexionar, simplemente deja de hacerlo y espera que dicha idea vuelva a desaparecer. No te impacientes. No te agobies. Relájate y sé compasivo contigo mismo.

Si te cuesta concentrarte prestando atención a tu cuerpo o a tu mente, hazlo con tu respiración: no la fuerces la respiración, sigue respirando tal y como lo harías de forma involuntaria, pero se consciente de ella. Siente como el aire entra por tu nariz y pasa a tus pulmones. Siente como tus músculos se mueven en el proceso. Siente como el aire vuelve a salir. También puedes contar mentalmente cada una de las respiraciones  que vas haciendo: 1, inhalo, exhalo… 2, inhalo, exhalo… etc.. pero siempre de forma natural.

Ahora piensa atentamente que el aire que respiras y que llena tus pulmones y tu sangre es el aire de la habitación en la que estás. Si la habitación no son sólo las cuatro paredes, sino el área que forman junto con el aire o vacío que contiene dentro, se podría decir que tu estás dentro de la habitación, pero la habitación también está dentro de ti.

Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío depende el uso de la vasija.
Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa,
y es el vacío lo que permite habitarla.
– Tao Te King

Es más, el oxígeno que antes formaba parte del aire de esa habitación, ahora forma parte de tu cuerpo, pues tus pulmones lo han introducido en tu sangre, a la vez que ha expulsado el dióxido de carbono que formaba tu sangre y ahora éste forma parte del aire de la habitación . La habitación ahora es parte de ti, y tu eres parte de ella. ¿Se podría realmente distinguir entre tú y la habitación? Quizá te ayude este post sobre la vacuidad.

Reflexiona sobre esto atentamente: no hay verdadera diferencia entre el aire que te rodea y tú. La frontera entre tu cuerpo y el exterior empieza a desaparecer. Todo es uno. Siente el peso del aire que te rodea y piensa que parte de lo que ahora es ese aire antes era parte de tu cuerpo, era tu “yo”, y pronto volverá a serlo. Siente como el calor que tu cuerpo genera es transmitido a la habitación, o como el calor que hay en ella es transmitido al tuyo. Hasta el ruido que tu cuerpo genera ahora se ha mezclado inevitablemente con el ruido que hay en en el exterior.

Todo es uno… No hay fronteras… No hay división…Sólo la consciencia que lo percibe todo es real, creando y concibiendo el mundo a su manera.

Permanece relajado, no pierdas la atención y fúndete con tu entorno.

@ElBudaCurioso

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