Niega la realidad de las cosas, y te perderás su realidad más profunda. Afirma su realidad, y te perderás su vacío. Mientras más pienses en ello, más lejos estarás de la realidad. Detén todo pensar y no habrá ya nada que no te sea revelado.

Los siguientes versos fueron compuestos hace nada más que unos mil quinientos años por un maestro zen de nombre Sosan (Seng-ts’an). Tratan principalmente sobre el vacío, por lo que se pueden decir hablan de todo.

La traducción es mía, del inglés y usando otra en alemán como apoyo. Sobre el título hay controversia en función de la traducción que leamos: “Versos sobre la mente perfecta”, “La fe en la mente”, etc…. En chino pinyin se titula Hsin Hsin Ming.

El Gran Camino no es difícil
para aquellos que no tienen preferencias.
Abandona deseo y aversión
y se te revelará por sí mismo.
Haz la menor de las distinciones
y estarás tan lejos de él como el cielo lo está de la tierra.
Si quieres comprender la verdad
no mantengas opiniones a favor o en contra.
Distinguir entre el agrado y el desagrado
es la enfermedad de la mente.

Cuando el profundo significado (del Camino) no se entiende,
la paz intrínseca de la mente se disturba.
Tan vasto como el espacio infinito,
es perfecto y no carece de nada.
De hecho, es debido a la codicia y al rechazo
que no ves las cosas como son.
No te enredes en las cosas,
no te pierdas en el vacío.
Mantente sereno en la unidad de las cosas
y el dualismo desaparecerá por sí sólo.
Cuando intentas parar el movimiento para conseguir serenidad,
el mero esfuerzo te llena de actividad.
Mientras sigas agarrado a los extremos
no llegarás a conocer la verdad.

Aquellos que no entienden el Camino
afirmarán y negarán la realidad de las cosas.
Niega la realidad de las cosas, y te perderás su realidad más profunda.
Afirma la realidad de las cosas, y te perderás su vacío.
Mientras más pienses en ello,
más lejos estarás de la realidad.
Detén todo pensar
y no habrá ya nada que no te sea revelado.

Retornar a la raiz es encontrar la esencia,
pero perseguir las apariencias es alejarse del origen.
El momento en el que te ilumines,
irás más allá de las apariencias y del vacío.
Los cambios que parecen ocurrir en el (vacío) mundo
parecen real solo a causa de la ignorancia.

No busques la verdad,
simplemente cesa de albergar opiniones.
No mantengas visiones dualistas;
evita estos hábitos cuidadosamente.
Aun quedando un sólo trazo de lo correcto e incorrecto,
la mente se pierde en la confusión.
Aunque las dualidades surgen de la unidad,
no te aferres ni siquiera a esa unidad.
Cuando la mente existe imperturbada en el camino,
todo está libre de falta.
Cuando las cosas ya no pueden ser defectuosas,
es como si no hubiera cosas.
Cuando la mente ya no puede ser perturbada,
es como si no hubiera mente.
Cuando los objetos pensados desaparecen,
el sujeto pensante desaparece.
Cuando la mente desaparece,
los objetos desaparecen.

El surgir de lo uno da pie a lo otro;
dando pie a lo uno se genera lo otro.
Conoce estas dos facetas aparentes como uno: vacío.
En este vacío, todo es indistinguible
y cada parte contiene en sí el total.
Si no se hace discriminación entre esto y aquello,
¿cómo puedes preferir lo uno a lo otro?

El Gran Camino lo abarca todo
y no es ni fácil ni difícil.
Aquellos con una visión limitada
tienen miedo y son irresolutos;
mientras más prisa se dan, más lentos avanzan.
Se exceden con su apego,
pues incluso apegarse a la iluminación es perderse en el camino.
Deja que las cosas sean como son
y no habrá ya ni ir ni venir.
Estando en armonía con el camino
te liberarás de toda perturbación.
Atado por tus pensamientos, pierdes la verdad,
te vuelves pesado, desanimado y con malestar.
Con malestar, la mente se aflige.
¿Por qué aferrarse o rechazar nada?
Si deseas moverte por el Camino
no sientas desagrado ni siquiera por el mundo de los sentidos e ideas.
De hecho, aceptar completamente dicho mundo
es lo idéntico a la verdadera iluminación.
El sabio no se aferra a ningún objetivo
mientras que el necio se encadena a ellos.

Sólo hay un Dharma, no varios.
Las distinciones surgen de las enredadas necesidades del ignorante.
Usar la mente para hacer surgir la mente
es el mayor de los errores.
Paz y tormento derivan del pensamiento;
En la Iluminación no hay agrado ni desagrado.
Todas las dualidades vienen de conclusiones ignorantes.
Son como sueños o castillos en el aire:
el necio intenta agarrarse a ellos.
Ganancia y pérdida, correcto e incorrecto,
abandona todas estas ideas de una vez.

Si el ojo nunca duerme,
los sueños se extinguen.
Si la mente no hace discriminaciones,
todas las cosas se muestran como realmente son: de una única esencia.
Comprender el misterio de esta única esencia
significa estar liberado de todo enredo.
Cuando las cosas se ven si diferenciación,
vuelves al origen y quedas como lo que eres.
Considera el movimiento en reposo y lo inmovil en movimiento,
y tanto movimiento como reposo desaparecerán.
Cuando estas dualidades cesan de existir,
incluso la unidad no puede ya existir.

Este estado absoluto no está atado a reglas ni descripciones.
Para la mente que lo comprende y que está en armonía con el Camino, toda actividad cesa.
Dudas y despropósitos desaparecen,
y la verdad se confirma en tí.
De un simple golpe te liberarás del cautiverio;
nada se aferrará a ti y a nada te aferrás.

Todo es vacío, claro e iluminador
si necesidad de esfuerzo mental.
Aquí pensamiento, sentimiento, conocimiento e imaginación
carecen de valor.
En este mundo “tal y como es”,
el ego no existe.
Para expresarlo de una manera espontánea,
solo di “no-dualidad”.
En esta no-dualidad nada está separado,
nada está incluido.
El iluminado, no importa cuándo ni dónde,
ha comprendido personalmente la verdad.
La Verdad está más allá del tiempo y del espacio,
un instante es eternidad.
No aquí, no allí,
sino en todos lados siempre justo delante de tus ojos.

Infinitamente grande e infinitamente pequeño,
no hay diferencia,
pues las definiciones han desaparecido
y ninguna frontera puede ser ya discernida.
De la misma forma que con el ser y el no ser.
No pierdas el tiempo en argumentos ni discusiones
intentando comprender lo incomprensible.
Uno y todo, entremézclate sin distinción.
Vivir comprendiendo esto significa no preocuparse ni por la perfección ni por la imperfección.
Confiar en el camino significa vivir sin separación, y con esta no-dualidad, camino y tú sois ya uno.

¡Palabras! ¡Palabras!
El camino está más allá del lenguaje.
Las palabras nunca pudieron, no pueden ni podrán describir el Camino.

Si crees que no he traducido bien algo, agradecería que me lo hicieras saber 🙂

Fuentes:

  • En inglés: Hsin-Hsin Ming, traducción de Eric Putkonen
  • En alemán: Die Lehren Buddhas, de Jack Kornfield y traducido por Ilse Fath-Engelhardt. ISBN: 978-3-426-87441-7

Otras traducciones:

@ElBudaCurioso

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