Así como toda flor se enmustia y toda juventud cede a la edad, 
así también florecen sucesivos los peldaños de la vida; 
a su tiempo flora toda sabiduría, toda virtud, 
mas no les es dado durar eternamente. 
Es menester que el corazón, a cada llamamiento, 
esté pronto al adiós y a comenzar de nuevo, 
esté dispuesto a darse, animoso y sin duelos, 
a nuevas y distintas ataduras. 
En el fondo de cada comienzo hay un hechizo 
que nos protege y nos ayuda, a vivir. 

Debemos ir serenos y alegres por la Tierra, 
atravesar espacio tras espacio 
sin aferrarnos a ninguno, cual si fuera una patria; 
el espíritu universal no quiere encadenarnos: 
quiere que nos elevemos, que nos ensanchemos 
escalón tras escalón. Apenas hemos ganado intimidad 
en un morada y en un ambiente, ya todo empieza a languidecer: 
sólo quien está pronto a partir y peregrinar 
podrá eludir la parálisis que causa la costumbre. 

Aun la hora de la muerte acaso nos coloque 
frente a nuevos espacios que debamos andar: 
las llamadas de la vida no acabarán jamás para nosotros… 
¡Ea, pues, corazón arriba! ¡Despídete, estás curado!

El título original es “Stufen”, que en alemán significa tanto “etapas” como “escalones”. Escrito en 1941 tras una larga enfermedad, es uno de los poemas más conocidos de Hermann Hesse, y del cual incluyó una parte en su libro El juego de los abalorios. 

La gran influencia del budismo en la vida y obra de Hesse se manifiesta de manera clara en este poema, en el que nos habla de cómo la vida se compone de etapas que debemos cruzar, siempre dispuestos a superarlas para cruzar otras nuevas. Debemos permanecer libres de apego hacia lo que en cada etapa encontramos, siempre dispuestos a seguir avanzando, sin ataduras.

Esa disposición permanente a cruzar y no apegarnos ni a lo cruzado ni a lo utilizado para cruzarlo, me recuerda un poco al símil de la balsa que Buda explicó. En dicho símil, un hombre debe cruzar una gran extensión de agua, para lo que construye una balsa de la cual se deshace una vez que llega a la otra orilla, pues el propósito de dicha balsa es el de cruzar las aguas y no el de ser poseída.

El poema original, en alemán, es así:

Wie jede Blüte welkt und jede Jugend
Dem Alter weicht, blüht jede Lebensstufe,
Blüht jede Weisheit auch und jede Tugend
Zu ihrer Zeit und darf nicht ewig dauern.
Es muß das Herz bei jedem Lebensrufe
Bereit zum Abschied sein und Neubeginne,
Um sich in Tapferkeit und ohne Trauern
In andre, neue Bindungen zu geben.
Und jedem Anfang wohnt ein Zauber inne,
Der uns beschützt und der uns hilft, zu leben.

Wir sollen heiter Raum um Raum durchschreiten,
An keinem wie an einer Heimat hängen,
Der Weltgeist will nicht fesseln uns und engen,
Er will uns Stuf’ um Stufe heben, weiten.
Kaum sind wir heimisch einem Lebenskreise
Und traulich eingewohnt, so droht Erschlaffen,
Nur wer bereit zu Aufbruch ist und Reise,
Mag lähmender Gewöhnung sich entraffen.

Es wird vielleicht auch noch die Todesstunde
Uns neuen Räumen jung entgegen senden,
Des Lebens Ruf an uns wird niemals enden…
Wohlan denn, Herz, nimm Abschied und gesunde!

@ElBudaCurioso

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