Cuenta la leyenda que Udrak, un maestro no budista, practicaba la meditación de la calma mental desde hacía mucho tiempo. Tanto, que su cabellera llegó a crecer extraordinariamente. Una vez, mientras estaba totalmente absorto en una de sus meditaciones, parte de su cabellera fue devorada por unas ratas.

A pesar de su increíble dominio de la meditación de la calma mental, en cuanto salió de su trance meditativo y vio lo que las ratas habían hecho, montó terriblemente en cólera y todas su emociones aflictivas se manifestaron de nuevo, como si nunca hubiese meditado.

Y es que, tal y como indica 道 en el artículo que reblogueo, si limitamos nuestra meditación a la concentración, sin reflexión ni auto-observación, la liberación parece funcionar “sólo mientras estás sentado… Luego todo se evapora como el humo… Vuelves a enfrentarte con el Samsara y vuelves a enrredarte…”.

El blog de 道

Existe la creencia (explicitada o no) de que la meditación es algo así como una habilidad a ejercitar, y que cuando se adquiere su maestría suprema, uno habrá conseguido realizarse.

Es como si meditar fuera como entrenar para correr maratones y que cuando se logre correr una maratón completa en determinado tiempo, se estará realizado.

A veces se oye hablar con orgullo de si uno ha meditado 3 horas seguidas, o 10 días de retiro, incluso he llegado a leer quien se muestra orgulloso de llevar 35 años meditando.

También existen en algunas doctrinas, categorizaciones de estados meditativos (samadhis, jhanas…) y el practicante puede correr el riesgo de creer que son etapas de realización o de aproximación al despertar o de obtención de sabiduría.

La realidad es que si alguien puede haber meditado durante 35 años y no haber despertado, quizá es que ese asociar de forma unívoca “maestría en…

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