Segundo artículo perteneciente al diario de práctica del Satipatthana Sutta.

“De esta manera mora contemplando el cuerpo como cuerpo internamente, o mora contemplando el cuerpo como cuerpo externamente, o mora contemplando el cuerpo como cuerpo de ambas formas: interna y externamente. Mora contemplando la naturaleza del surgimiento en el cuerpo, o mora contemplando la naturaleza del cese en el cuerpo, o mora contemplando ambas cosas: la naturaleza del surgimiento y la naturaleza del cese en el cuerpo. O, estando consciente de que ‘he aquí el cuerpo’, simplemente se establece en él en la medida necesaria para un conocimiento descubierto y la atención consciente. Y mora con independencia, no apegado a nada en el mundo. Es así, monjes, cómo el monje mora contemplando el cuerpo como cuerpo”.

Tras practicar la contemplación del cuerpo mediante la respiración, he continuado enfocando mi atención hacia el cuerpo entero de la siguiente manera:

Para no repetir lo básico (postura, lugar y tiempo), te recomiendo que te leas el primer post (Diario de práctica: respiración) o los consejos sobre la meditación I (y II).

1. Atención general al cuerpo:

Sentado, con las piernas cruzadas y la espalda recta, he comenzado cada sesión de meditación con la práctica ya indicada de la respiración, hasta entrar en un estado de calma y concentración adecuado. Una vez que la mente estaba serena, me he quedado quieto, cómodamente sentado, intentando no iniciar ningún pensamiento ni dar continuidad a aquellos que la mente creaba de manera involuntaria o subconsciente, enfocando mi atención hacia el cuerpo.

¿Cómo se enfoca la atención hacia el cuerpo? Con los ojos cerrados o medio abiertos, dependiendo del día, he intentado ser plenamente consciente de la postura de mi cuerpo, de dónde se encontraba sentado, de las sensaciones que éste sentía, de cómo mi pecho se movía al respirar, de cómo mis pies se entumecían tras estar mucho tiempo sentado, de cómo el culo se me dormía o molestaba cuándo la superficie sobre la que me sentaba no era lo suficientemente cómoda… No sólo sentir todo esto, sino ser plenamente consciente de ello, es decir, concentrar toda la atención de que seas capaz en ello, sin caer en valoraciones, imaginaciones ni ningún otro pensamiento voluntario.

Si estaba lo suficientemente relajado y concentrado, llegaba a sentir una especie de cosquilleo bastante agradable y curioso en partes aleatorias del cuerpo, generalmente de la cabeza, así como el bombeo sanguíneo a las diferentes extremidades. Si el lugar en el que me encontraba era lo suficientemente silencioso, llegaba a sentir incluso el latir del corazón… o bueno, quizá no fuese el corazón, sino los conductos sanguíneos que pasan cerca del oído.

Sentado, sereno, plenamente consciente de que este es tu cuerpo y estas son sus sensaciones. Durante este momento, que es eterno, no existe nada más que la consciencia que posees de tu cuerpo, del espacio que ocupa y de lo que siente…

Me encanta este tipo de práctica. Además de increíblemente sencilla, algunos de los frutos que da son instantáneos: pocas veces había alcanzado tales estados de serenidad. Y la prueba es el tiempo: si las piernas no se me duermen antes, fácilmente sobrepaso la hora casi sin darme cuenta.

2. Atención activa al cuerpo:

Ya lo comenté en Las ventajas de la meditación activa, no todo meditar debe hacerse sentado. Buda nos lo dice así:

“Cuando el monje camina, entiende: ‘estoy caminando’; cuando está de pie, entiende: ‘estoy de pie’; cuando está sentado, entiende: ‘estoy sentado’; cuando se recuesta, entiende: ‘estoy recostado’; o entiende cualquier otra postura que asume su cuerpo. […]

Además, monjes, el monje es uno que actúa con discernimiento cuando camina hacia adelante y cuando retorna; que actúa con discernimiento cuando mira hacia adelante y cuando mira hacia otro lado; que actúa con discernimiento cuando recoge y cuando extiende sus miembros; que actúa con discernimiento cuando viste su hábito y cuando lleva su hábito exterior y el cuenco; que actúa con discernimiento cuando come, bebe, mastica y saborea; que actúa con discernimiento cuando camina, está de pie, cuando se sienta o se acuesta a dormir, cuando se despierta, cuando habla o cuando permanece en silencio”.

De modo que durante cualquier acto del día, desde que me levanto hasta que me acuesto, intento actuar con plena consciencia. Vale que no lo consigo por completo, pero lo intento.

No se trata de volverte medio autista enfocando la atención continuamente sólo a tu cuerpo olvidándote de todo lo demás, o de autonarrarte mentalmente cualquier cosa que haces. Esto, además de inútil y poco realizable en la vida cotidiana, no es lo que Buda decía. Simplemente, entiendo, se trata de prestarte un poco más de atención, no de perder la consciencia de lo ya dicho antes: que este es tu cuerpo y esto es lo que siente, que estoy realizando tal o tal tarea, y que mientras tanto estoy sintiendo tal o tal cosa…

 

La mente divaga libre la mayor parte del día, y eso es normal. Lleva toda la vida haciéndolo, y no va a cambiar de repente, pero poco a poco podemos ir entrenándola para canalizar la atención hacia donde queramos y alcanzar cierta serenidad. Mientras más practico, menos me cuesta dirigir la atención hacia donde yo quiero. Como dice Geshe Chekawa en El adistramiento de la mente en siete puntos, “si puedes practicar incluso cuando estás distraído, significa que estás bien entrenado”. Y si en algún momento no se puede, pues no se puede y punto, nos lo tomamos con humor, nos damos una pausa y proseguimos en otro momento.

¿Y cual es el objetivo de tanto autoobservarse? Según tengo entendido, el comprender de primera mano las tres características de la realidad que el budismo nos describe: falta de ser o esencia propia, transitoriedad y sufrimiento, aunque sobre esto ya escribiré en otro momento.

3. Repugnancia hacia el cuerpo:

La verdad es que mucho antes de haber leído el Satipatthana Sutta, ya había leído sobre este tipo de meditación de algún maestro tibetano (creo que a través de un libro del Dalai Lama), aunque no lo recuerdo bien. También lo había leído de manos de Stephen Batchelor, en su libro Confesión de un ateo budista, en el cual nos cuenta como los monjes tibetanos (él también lo era) le prescribieron tal tipo de meditación para calmar su deseo sexual.

No creo que haga falta mucho comentario acerca de este tipo de práctica, pues Buda lo deja bastante bien claro:

“Además, monjes, el monje revisa este mismo cuerpo desde la planta de los pies hacia arriba y desde la punta de la coronilla hacia abajo, envuelto en piel y lleno de diferentes clases de impurezas, de esta manera: ‘He aquí que en este cuerpo hay cabellos, vellos, uñas, dientes, piel, carne, tendones, huesos, médula ósea, riñones, corazón, hígado, membrana, bazo, pulmones, intestinos, mesenterio, comida no digerida, excremento, bilis, flema, pus, sangre, sudor, grasa, lágrimas, linfa, saliva, moco, sinovia y orín’. Al igual que un saco de provisiones con la abertura en ambos extremos, lleno de diversas clases de grano, tales como el arroz de la colina, arroz rojo, frijoles, guisantes, mijo y arroz blanco, estuviera siendo examinando por un hombre con buena vista de esta manera: ‘este es el arroz de la colina, arroz rojo, frijoles, guisantes, mijo y arroz blanco’; de la misma manera, monjes, el monje revisa este mismo cuerpo… lleno de diferentes clases de impurezas de esta manera: ‘He aquí que en este cuerpo hay cabellos, vellos, uñas, dientes, piel, carne, tendones, huesos, médula ósea, riñones, corazón, hígado, membrana, bazo, pulmones, intestinos, mesenterio, comida no digerida, excremento, bilis, flema, pus, sangre, sudor, grasa, lágrimas, linfa, saliva, moco, sinovia y orín.”

Quizá el único consejo que puedo dar sea que mirar un atlas de la anatomía humana antes ayuda…

Por cierto, para los que tengan curiosidad: a Stephen Batchelor no le funcionó. Dejó el monacato tibetano y se hizo monje zen, pero a los años volvió a dejarlo y se casó con su actual esposa, la cual por aquel entonces también era monja zen. Pero que conste que aunque la meditación era la misma o similar, el objetivo que perseguía era diferente.

Continuará…

@ElBudaCurioso

 

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