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El Buda Curioso

Blog sobre budismo, meditación, y otros

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budismo

El comité de la mente

Una de las primeras cosas que aprendes sobre la mente cuando comienzas con la meditación es que tiene muchas mentes.  Esto es porque tienes muchas ideas diferentes sobre cómo satisfacer tus necesidades y encontrar el bienestar, y muchos deseos diferentes basados en esas ideas. Dichas ideas se reducen a diferentes nociones acerca de aquello que constituye la felicidad, dónde ésta puede ser encontrada y quién eres tú como persona: tus necesidades de ciertos tipos de placer y tus habilidades para proveerte de dichos placeres. Por consiguiente, cada deseo actúa como una semilla para un tipo particular de percepción de quién eres y del mundo que te rodea. Seguir leyendo “El comité de la mente”

Amor verdadero (humor)

Sé que llevo mucho tiempo sin aparecer por aquí ni escribir nada, pero eso no significa que haya abandonado el blog. Simplemente, tal y como ya escribí en su momento, escribo algo aquí cuando considero que tengo algo interesante que compartir, y hasta hoy no se ha dado el caso 🙂 Me estoy leyendo un interesante libro de Ajahn Brahm y quería compartir una pequeño fragmento que he encontrado particularmente curioso. Seguir leyendo “Amor verdadero (humor)”

Preguntas a Ajahn Cattamalo

Ajahn Cattamalo es el abad del monasterio de Muttodaya, un monasterio budista Theravada de la Tradición Tailandesa del Bosque en Alemania. Alemán de nacimiento, fue ordenado monje (bikkhu) en 1988 en Tailandia bajo la tradición del venerable Ajahn Chah.

Estas fueron algunas de las preguntas que respondió durante mi retiro en dicho monasterio. Seguir leyendo “Preguntas a Ajahn Cattamalo”

De retiro

Acabo de volver de un retiro de meditación de unos días en Muttodaya, un monasterio budista Theravada de la Tradición Tailandesa del Bosque que hay en Alemania, y quería contar aquí mi breve experiencia para el que le pueda interesar.

El monasterio es bastante pequeño, tanto de extensión como de personal: sólo cuatro monjes y tres invitados laicos que duermen allí, más otro par de invitados que suele haber por norma general y que vienen a pasar el día y colaborar un poco. Seguir leyendo “De retiro”

Presente infinito

La vida es aquello que pasa mientras hacemos otros planes

Estamos tan aferrados a la idea de un futuro, y tan seguros de ella, que nos pasamos la vida esperando lo que tiene que venir -o lo que creemos que debería venir. Poco o nada nos importa el momento presente, pues, ¿de qué sirve, si ya está aquí y se está yendo? Mejor ocuparme del momento que viene, o del siguiente…  Seguir leyendo “Presente infinito”

Suelta. Siente. Medita.

Antes de meditar, lee libros, intenta descubrir qué es el samādhi, lo que significa nāma, lo que significa rūpa, lo que significa anicca, lo que significa dukkha, lo que significa anatta…

Pero cuando realmente medites, suelta todo esto.
Estáte simplemente en contacto con cualquier cosa que haya.
¡Sé muy, muy simple! .

Tienes que ser tan simple como sea posible. Simplemente estáte en contacto con la sensación, no intentes ver si está surgiendo o desapareciendo, si es dukkha o anatta, ni tan siquiera si es nāma o rūpa. Sin pensar, si puedes permanecer de este modo durante largo tiempo, surgirá espontáneamente, de forma intuitiva, lo que es y “lo que es”. Es algo de lo que no podemos hablar. No puedes hablar realmente sobre anicca. De hecho, no puedes pensar sobre anicca porque cuando lo experimentas realmente, es algo de lo que no puedes hablar. En el momento en que intentas pensar sobre ello ya no está más allí. Es por esta razón que cuando estás meditando no puedes decir: “Oh,… algo está surgiendo y desvaneciéndose, esto es anicca”. En ese momento estás pensando y ya no estás meditando, estás utilizando la función del pensamiento; estás de nuevo en la realidad ordinaria.

– Un mapa del viaje, Sayadaw U. Jotika

Seguir leyendo “Suelta. Siente. Medita.”

Reflexiones de Ajahn Chah

Usted es su propio maestro. Estar buscando maestros no puede resolver sus propias dudas. Investíguese a sí mismo para encontrar la verdad – adentro, no afuera. Lo más importante es conocerse a sí mismo.

Ajahn Chah Subhatto (Chao Khun Bodhinyanathera) (Thai:ชา สุภัทโท ) (17 de junio de 1918 – 16 enero de 1992) fue uno de los grandes maestros de meditación del siglo XX, con mucha influencia en el budismo Theravāda y la tradición tailandesa del bosque.

A continuación recojo una breve selección sus reflexiones. Seguir leyendo “Reflexiones de Ajahn Chah”

Sobre el renacimiento y otros temas

Este artículo surge a colación del anterior, el curioso caso del monje que no moría, y de las preguntas que he recibido al respecto, en concreto sobre el porqué decide un monje budista auto-momificarse.

Antes de seguir, me gustaría dar las gracias a Francisco Javier Tostado, culpable indirecto de buena parte de todas esas preguntas y comentarios 🙂 Seguir leyendo “Sobre el renacimiento y otros temas”

El curioso caso del monje que no moría

En el año 1927, a la edad de 75, el Lama Itigilov entró en un estado de meditación profunda y dejó de respirar. 47 años después, tras su segunda exhumación, el cuerpo apenas presentaba signos de descomposición. Sus seguidores lo tenían claro: el lama no había muerto, sino que se encontraba en un profundo estado de meditación. ¿Pero es esto posible? Seguir leyendo “El curioso caso del monje que no moría”

¿Qué supone para mí el budismo a día de hoy?

Si echo la vista atrás, caigo en que ha pasado ya más de un año que llevo metido “de lleno” en esto del budismo, leyendo y estudiando textos de las diferentes tradiciones, practicando meditación, participando en foros, leyendo a otros bloggers con intereses similares y demás… pero, ¿en qué ha cambiado mi vida desde entonces? ¿qué es para mí el budismo hoy en día?

Como ya he dicho en otras ocasiones, ni me adhiero a ninguna tradición budista en concreto ni soy ningún experto en la materia, por lo que todo lo aquí escrito es una mera reflexión personal de un practicante que ha leído y estudiado las enseñanzas de diversos maestros de diferentes tradiciones, principalmente al propio Buda, y de las cuales ha sacado sus propias conclusiones.

¿Qué es el budismo, para mí, hoy en día? 

Digo “hoy en día” porque al fin y al cabo esto es un continuo aprender, por lo que puede que mañana mi visión sea distinta.

Las enseñanza budistas abarcan un sin fin de temas, pero si tuviese que resumir el budismo en una frase, citaría uno de mis textos budistas de cabecera, el Adiestramiento de la mente en siete puntos, diciendo que toda enseñanza budista pretende la reducción del ego y del ensimismamiento, pues de la reducción del ego dependen el resto de enseñanzas budistas.

¿Qué es eso de la reducción del ego?

Si el ego se reduce o se elimina, se reduce o elimina también la diferencia entre el “yo” y el resto del mundo, entre lo que a ese “yo” le agrada y le disgusta. Y no habiendo diferencia entre el “yo” y el resto del mundo, crece la empatía y la compasión y, lógicamente, disminuye el egoísmo; no habiendo ya agrado o desagrado, no hay deseo ni aversión; y no habiendo ni deseo, ni aversión ni egoísmo, no hay sufrimiento, pues nada se desea ni nada se rechaza.

¿Cuál es la lógica de todo lo anterior?

No hay ningún “yo”, puesto que no hay ningún alma ni ningún otro fundamento que me defina como ser independiente de manera infinita. Este cuerpo tiene un origen y tendrá un cese, no había nada antes de él que existiese como “yo” ni lo habrá después. El “yo” es un producto mental, una mera ilusión. De nuestros sentidos y de lo que experimentan surge la conciencia, y de esta surge el “yo”. No hay separación real entre nuestro “yo” y el resto del mundo, y el ignorar tal característica es uno de nuestros principales problemas. (Leer Anatta, por Ajahn Brahmavamso).

Es decir, claro que existe un “yo”, pero de manera impermanente. En mi caso se llama Antonio Sánchez, tiene una cara y un cuerpo determinado, una determinada historia, una determinada conciencia del mundo, un determinado carácter, unos determinados gustos y aversiones, etc… Pero todo ese cúmulo de características considerado como “yo”, ese Antonio Sánchez, no existía antes de la conciencia o de la mente que hoy en día lo concibe, ni existirá tras el cese de ésta, e incluso mientras ésta existe, dicho “yo” cambia continuamente. Ese “yo” es fruto de dicha conciencia, de dicha mente, no habiendo nada en ninguna parte de este cuerpo, si lo redujera en tantas partes como fuese posible, que me defina permanentemente como algo independiente del resto del mundo. Tanto la ausencia de “yo” (Anatta, en lengua Pali) como la impermanencia (Anicca) son dos de las tres características de la realidad según el budismo.

Al estar apegados a la falsa ilusión de un “yo”, y al discriminar por tanto entre ese “yo” y el “resto del mundo”, distinguimos entre lo que a ese “yo” le gusta y lo que no, lo que le hace bien y lo que no, lo bueno y lo malo, los amigos y los enemigos. De la distinción surge el apego, la aversión y la indiferencia. Nos apegamos a aquello que nos agrada, a lo que queremos tener, a lo que queremos ser, a la propia idea del “yo”, a la vida misma… Este apego es la causa de nuestro sufrimiento (entendido en un sentido amplio como cualquier sensación mental de desagrado o de intranquilidad), pues sufrimos cuando queremos algo y no lo tenemos, cuando luchamos por conseguirlo, cuando ya lo tenemos por miedo a perderlo, cuando lo hemos perdido, sufrimos cuando tenemos lo que no queremos, etc… Ignoramos que cualquier cosa o estado mundano al que aspiremos sólo nos puede proporcionar, como mucho, una alegría o estado placentero efímero. Este sufrimiento (Dukkha, en lengua Pali) es la otra característica de la realidad según el budismo.

Y a partir de aquí, podría extenderme largamente. Habiendo comprendido estas tres características, Anata, Anicca y Dukkha, sólo se trata de ser plenamente consciente de ellas, constantemente, pues la mera sabiduría no basta, sino que hay que cultivar nuestra mente para que vea la realidad de tal forma. Y aquí es donde entra en juego la meditación, y por supuesto, el Noble Óctuple Sendero.

Todo esto está muy bien pero, ¿ha cambiado esto mi vida en algo?

Enormemente. Y sigue cambiando, cada día un poco más, de manera casi imperceptible. Por supuesto no siempre progresando, ya que a veces la duda o la inconstancia entran en juego viéndome obligado a retroceder.

Me bastan dos palabras para describir el cambio: tranquilidad mental. Claro que me queda ego, y mucho, que sigo siendo presa del apego por lo mundano y que sigo experimentando sufrimiento: la diferencia está en el cuánto. El simple hecho de ser consciente de la ausencia del “yo”, del sufrimiento y de su causa hace que te enfrentes a la vida de forma diferente. Es imposible medir cuánto ego, apego o sufrimiento he reducido, pero me basta con saber que se ha reducido, y la prueba de ello es, como digo, la estabilidad o tranquilidad mental. El miedo a la incertidumbre del futuro, el remordimiento por el pasado, la ansia por conseguir o por mantener algo, el intento de controlar cada aspecto de mi vida, etc.. todo este tipo de estados mentales de intranquilidad se han reducido enormemente, de manera que hoy en día observo cómo cosas que en otro tiempo me hubiesen causado angustia o estrés, las acepto o las dejo ir sin más, sin atisbo de intranquilidad o desagrado (o casi). Aunque todo esto ya lo expliqué de pasada en Ventajas de la meditación activa.

¿Pero estoy haciendo lo correcto?

Probablemente algunos piensen que estoy haciendo algo mal, que mi práctica no es la correcta o que he malinterpretado cualquier concepto. Ante tal cosa yo respondo con pragmatismo: a mí me funciona, y por lo tanto sigo por mi camino. Me funciona en tanto en cuanto me reporta un estado de paz mental como nunca antes había tenido.

Ya sé que abuso mucho de las citas, y para no perder la costumbre, me despido con una en relación a lo comentado de la paz mental, sacada del texto Notas desde mi cabaña de Monje:

La gente quiere poder y autoridad para que nadie los menosprecie, ni a ellos ni a sus familias. Pero los ricos tienen demasiadas preocupaciones, y los pobres demasiadas envidias. Si dependes otros en cualquier sentido, si no eres autosuficiente, entonces esos otros te poseen. Incluso cuando ayudas a un extraño, si sientes cualquier afinidad hacia tal persona, estás infringiendo la independencia de tu propio espíritu. Por una parte, es difícil mantener la independencia mientras se vive de acuerdo a las convenciones sociales, pero por la otra, si tales convenciones no se siguen, corres el riesgo de parecer un loco. Y no importa ni dónde viva ni lo que hagas, en este corto periodo de vida que te ha sido dado tu objetivo principal debería ser el alcanzar la paz mental, pero esto parece algo imposible para la mayoría de los humanos.

 

@ElBudaCurioso

En tercera persona

Y de pronto ya no estás ahí. Bueno, es verdad que tu cuerpo sigue ahí, ves y oyes lo mismo que antes, la gente se sigue dirigiendo a ti por tu nombre, hablan de ti y contigo, pero ahora experimentas todo esto de manera muy diferente. Eres un testigo de lo que pasa, un testigo curioso, que se divierte y hasta sorprende de lo que acontece. Seguir leyendo “En tercera persona”

Diario de práctica: atención al cuerpo (y II)

Continuación del segundo artículo perteneciente al diario de práctica del Satipatthana Sutta.

Prosigo describiendo los últimos dos entrenamientos de la contemplación al cuerpo. En la primera parte de este artículo puedes consultar los otros entrenamientos. Seguir leyendo “Diario de práctica: atención al cuerpo (y II)”

Pasajes: Nietzsche, sobre el budismo

Antes de seguir leyendo, que conste en acta que mi intención aquí es meramente la de compartir este pasaje de Nietzsche, del cual me interesa lo que comenta sobre el budismo, y no la comparación que hace con el cristianismo. Que conste también que ni comparto su crítica al cristianismo, religión me merece tantísimo respeto como cualquier otra, ni que mi intención aquí es la de crear cualquier tipo de polémica al respecto. Seguir leyendo “Pasajes: Nietzsche, sobre el budismo”

El mar y la ola

¡Un hombre al mar!

¡Qué importa! El buque no se detiene por esto. El viento sopla; la sombría nave tiene un derrotero trazado, que debe recorrer forzosamente. Y sigue adelante.

El hombre desparece, luego de unos instantes reaparece, se sumerge y sale de nuevo a la superficie, llama, grita, agita los brazos, no lo oyen. El buque, luchando contra el huracán, continúa sus maniobras; los marineros y los pasajeros no ven al hombre que acaba de desparecer bajo el agua; su miserable cabeza no es más que un punto imperceptible en la inmensidad de las olas.

Todavía lanza gritos desesperados desde las profundidades. Esa vela que se aleja y lo abandona le parece un espectro. La mira, la contempla frenéticamente. Pero la vela se aleja, se desdibuja y desaparece. Allí estaba él hacía un momento, era uno de los tripulantes, iba y venía sobre el puente con los demás, tenía su parte de respiración y de sol, era un ser viviente. Ahora, ¿qué ha sucedido? Resbaló, cayó. Todo ha terminado.

El naufrago se debate en la monstruosidad de las aguas. Bajo sus pies no hay más que el abismo que lo atrae. Las olas, rotas y rasgadas por el viento, lo rodean de una forma espantosa; los vaivenes del abismo lo zarandean; los harapos del agua se agitan alrededor de su cabeza; una turba de olas le escupe en el rostro; confusas hendiduras amenazan con devorarlo: cada vez que se hunde, entrevé precipicios llenos de oscuridad; horrendas y desconocidas vegetaciones lo sujetan, le amarran los pies, lo atraen; siente que se convierte en el abismo, que forma parte de la espuma, que las olas se le arrojan de una a otra, bebe la ola amarga, el océano traidor se encarniza con él para ahogarlo; la inmensidad juega con su agonía. Parece que toda aquella agua se hubiera convertido en odio.

Sin embargo, continúa luchando; trata de defenderse, intenta sostenerse, hace esfuerzos increíbles y logra nadar. El hombre, pobre fuerza agotada ya, lucha contra lo inagotable.

¿Dónde está el buque? Allá, muy lejos. Apenas visible en las pálidas tinieblas del horizonte.

Las ráfagas soplan; las espumas lo abruman. Levanta la mirada y no ve más que la palidez de las nubes. Asiste, en agonía, a la inmensa demencia del mar. Sufre el suplicio de la locura de las olas. Oye ruidos extraños, jamás oídos antes, que parecen venir de más allá de la tierra; de algún espantoso más allá.

Hay pájaros en las nubes, como hay ángeles por encima de las miserias humanas; ¿pero qué pueden hacer por él? Ellos vuelan, cantan, planean en los aires, y el apenas respira.

Se siente sepultado por esos dos infinitos, el océano y el cielo; uno es su tumba, el otro es su mortaja.

La noche avanza; ha estado nadando durante horas; sus fuerzas se agotan; aquel navío, aquella cosa lejana donde había hombre, se ha borrado. Se halla solo en el magnífico ámbito crepuscular, se sumerge, se eleva de nuevo, se retuerce, siente debajo de sí los vagos monstruos de lo invisible; y grita.

Ya no hay hombre. ¿Dónde está Dios?

Llama. ¡Alguien! ¡Alguien! Nadie responde. Llama sin cesar.

Silencio por todas partes. Nada en el horizonte. Nada en el cielo.

Implora al espacio, a las olas, a las algas, al escollo; todo ensordece. Suplica a la tempestad; la tempestad, imperturbable, no obedece más que al infinito.

A su alrededor, la oscuridad, la bruma, la soledad, el tumulto borrascoso y sin conciencia, el repliegue indefinido de las aguas enfurecidas. Dentro de sí, el horror y la fatiga. Debajo de él, sólo el abismo. Imagina las aventuras tenebrosas de su cuerpo inerte en la sombra ilimitada. El frío sin fondo lo paraliza. Sus manos se crispan, se cierran, como apresando la nada. Vientos, nubarrones, torbellino, estrellas inútiles. ¿Qué hacer? El desesperado sucumbe; rendido de cansancio, se resigna a morir; se deja llevar, se abandona a su suerte, rueda para siempre y se precipita en las lúgubres profundidades del abismo.

¡Oh destino implacable de las sociedades humanas! ¡Pérdidas de hombres y de almas en el camino de la vida! ¡Océano en el que cae todo lo que la ley allí arroja! ¡Desaparición siniestra de todo auxilio! ¡Oh, muerte moral!

El mar es la inexorable noche social donde la penalidad arroja a sus condenados. El mar es la miseria inmensa.
El alma, lanzada en la corriente de este abismo, puede convertirse en un cadáver. ¿Quién la resucitará?

El mar y la ola, sacado de Los Miserables, de Victor Hugo

Comentario: 

Sustituye al barco por esta vida y la oportunidad de iluminación que nos ofrece, al mar por el Samsara y a su superficie por los diferentes renacimientos, y obtienes una bonita parábola del ciclo de existencias que el budismo nos describe…

… o no. Quizá sea sólo uno de mis desvaríos, que veo ya budismo por todas partes 🙂

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