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El Buda Curioso

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Nietzsche

Pasajes: Nietzsche, sobre el budismo

Antes de seguir leyendo, que conste en acta que mi intención aquí es meramente la de compartir este pasaje de Nietzsche, del cual me interesa lo que comenta sobre el budismo, y no la comparación que hace con el cristianismo. Que conste también que ni comparto su crítica al cristianismo, religión me merece tantísimo respeto como cualquier otra, ni que mi intención aquí es la de crear cualquier tipo de polémica al respecto. Seguir leyendo “Pasajes: Nietzsche, sobre el budismo”

Nietzsche contra Buda: el Yo

Aunque este artículo va sobre Nietzsche y Buda, permítanme que empiece citando, como no podía ser de otra manera, a Descartes, el cual decía que se puede y se debe dudar de todo, pues para llegar a construir una filosofía válida hay que deshacerse de cualquier prejuicio que tengamos. Por lo tanto, y si hay que dudar de todo, de lo primero que hay que dudar es del mundo que nos rodea y hasta de nuestra propia existencia.

¿Pero cómo construir una filosofía a partir de tal punto en el que no está claro ni que existamos? Descartes lo solucionó con una idea magistral: se puede dudar de todo, del mundo que nos rodea y de la idea que tenemos de nosotros mismos, pero de lo único que no se puede dudar es de la propia duda, de que pensamos, y por lo tanto, existimos cómo mínimo en cuanto sujeto pensante. De ahí su tan famosa aseveración: <<Pienso, luego existo>>.

Pero en seguida advertí que mientras de este modo quería pensar que todo era falso, era necesario que yo, quien lo pensaba, fuese algo. Y notando que esta verdad: “yo pienso, por lo tanto soy” era tan firme y cierta, que no podían quebrantarla ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos, juzgué que podía admitirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que estaba buscando.

– El discurso del método, Descartes

¿Quién iba a poder rebatir tremenda aseveración? Aunque otros puntos de su discurso no lograban convencerme, ¿cómo dudar de que existo, cómo mínimo, en cuanto sujeto pensante? Es imposible, simplemente imposible. Es perfecto: pienso, luego existo.

Años más tarde topé con Nietzsche, que en apenas dos párrafos derrumbó el “pienso, luego existo” de tal manera que ya nunca más podría ser reconstruido. Cito:

Aunque el pueblo crea que conocer es un conocer-hasta-el-final, el filósofo tiene que decirse: «cuando yo analizo el proceso expresado en la proposición `yo pienso’ obtengo una serie de aseveraciones temerarias cuya fundamentación resulta difícil, y tal vez imposible, – por ejemplo, que yo soy quien piensa, que tiene que existir en absoluto algo que piensa, que pensar es una actividad y el efecto causado por un ser que es pensado como causa, que existe un ‘yo’ y, finalmente, que está establecido qué es lo que hay que designar con la palabra pensar, – que yo sé qué es pensar. Pues si yo no hubiera tomado ya dentro de mí una decisión sobre esto, ¿de acuerdo con qué apreciaría yo que lo que acaba de ocurrir no es tal vez `querer’ o `sentir’? En suma, ese `yo pienso’ presupone que yo compare mi estado actual con otros estados que ya conozco en mí, para de ese modo establecer lo que tal estado es: en razón de ese recurso a un `saber’ diferente tal estado no tiene para mí en todo caso una `certeza’ inmediata.» – En lugar de aquella «certeza inmediata» en la que, dado el caso, puede creer el pueblo, el filósofo encuentra así entre sus manos una serie de cuestiones de metafísica, auténticas cuestiones de conciencia del intelecto, que dicen así: «¿De dónde saco yo el concepto pensar? ¿Por qué creo en la causa y en el efecto? ¿Qué me da a mí derecho a hablar de un yo, e incluso de un yo como causa, y, en fin, incluso de un yo causa de pensamientos?»

Y prosigue unos renglones después:

En lo que respecta a la superstición de los lógicos: yo no me cansaré de subrayar una y otra vez un hecho pequeño y exiguo, que esos supersticiosos confiesan de mala gana, – a saber: que un pensamiento viene cuando «él» quiere, y no cuando «yo» quiero; de modo que es un falseamiento de los hechos decir: el sujeto «yo» es la condición del predicado «pienso». Ello piensa: pero que ese «ello» sea precisamente aquel antiguo y famoso «yo», eso es, hablando de modo suave, nada más que una hipótesis, una aseveración, y, sobre todo, no es una «certeza inmediata». En definitiva, decir «ello piensa» es ya decir demasiado: ya ese «ello» contiene una interpretación del proceso y no forma parte de él. Se razona aquí según el hábito gramatical que dice «pensar es una actividad, de toda actividad forma parte alguien que actúe, en consecuencia -». Más o menos de acuerdo con idéntico esquema buscaba el viejo atomismo, además de la «fuerza» que actúa, aquel pedacito de materia en que la fuerza reside, desde la que actúa, el átomo; cabezas más rigurosas acabaron aprendiendo a pasarse sin ese «residuo terrestre», y acaso algún día se habituará la gente, también los lógicos, a pasarse sin aquel pequeño «ello» (a que ha quedado reducido, al volatilizarse, el honesto y viejo yo).

– Más allá del bien y del mal, F. Nietzsche

¿Después de destruir el “yo”, qué propone Nietzsche en cambio? El “yo” para Nietzsche no es más que “una estructura social de muchas almas“. Es decir, esa unidad imaginaria que definimos como nuestro “yo”, es en realidad un cuerpo en el que se esconde una multitud de instintos y voluntades diferentes, una pluralidad de personalidades en constante tensión, y a esa colectividad encerrada en dicho cuerpo es a la que designamos como “yo”.

Al poco tiempo de adoptar esta nueva forma de ver el “yo”, comencé mi periplo por el budismo y me topé con el concepto de anatta, que es una palabra de la lengua pali que significa ausencia de alma, de ego o de un “yo” perdurable e independiente. Es, junto a la transitoriedad (Anicca) y al sufrimiento (Dukkha), una de las tres características de la realidad según el budismo. Es decir, según este concepto de anatta, no existe nada ni en el conjunto de nuestro cuerpo-conciencia ni en ninguna de sus partes que pueda ser definido permanente e indivisiblemente como nuestro “yo”, no hay ninguna esencia ni alma, ningún espíritu que trascienda nuestro cuerpo.

En el budismo, todo tiene un origen interdependiente, incluido el “yo”. De nuestro cuerpo, de sus órganos perceptivos y de lo que perciben, surge la conciencia, y de esta conciencia surge el “yo”. Pero dicho “yo” no es un sujeto real que piensa, sino un mero fenómeno surgido en interdependencia con nuestras percepciones.

Aunque pudiera parecer que la postura budista guarda similitudes con lo propuesto por Descartes, pues el “yo” surge del pensamiento, de la conciencia, eso sería caer en algunos de los errores que Nietzsche señala. La mejor manera de ver esto es comparando metódicamente lo expuesto por Nietzsche con el budismo, dividiéndolo en los puntos en los que coinciden, aunque no lo hagan de manera absoluta, con los que no:

Puntos similares entre Nietzsche y Buda:

  1. El error de suponer que soy yo quien piensa: Pensar es la causa y el efecto es el “yo”, aunque este, una vez creado, también tiene capacidad para pensar.
  2. El error de suponer que tiene que existir algo que piensa: No hay ningún “algo” que piense, sino que los pensamientos surgen de manera interdependiente con la conciencia y las percepciones.
  3. El error de suponer que pensar es el efecto de un yo que es a la vez causa y efecto: ver punto uno.
  4. El error de suponer que existe un “yo”: El “yo” es un fenómeno que surge en interdependencia de otros fenómenos, y como cualquier fenómeno, carece de esencia o identidad propia, permanente e indivisible. No hay separación real entre el “yo” y lo que es “no-yo”, sino sólo imaginaria.
  5. El error de suponer que sé qué es pensar: experimento un conjunto de sensaciones surgidos de mis percepciones, y de estas salen ideas. Pero verdaderamente no sé la diferencia entre el pensar, el sentir y el percibir. Creo que se lo que es pensar porque comparo ese estado mental definido como “pensar” con otros estados surgidos en mí, pero dicha comparación es sólo una idea más de las que surgen en mí, y puede que no tenga base real.
  6. El error de suponer que los pensamientos vienen cuando yo quiero: al no ser el “yo” la causa, automáticamente hemos de aceptar que los pensamientos vienen cuando ellos quieren.
  7. Estructura social de muchas almas: Ese “yo” es un conjunto (y un producto) de percepciones, sensaciones e ideas, un conjunto de conciencias en constante tensión.

Punto discordante entre Nietzsche y Buda:

  1. El error de creer en la causa y efecto: aunque respecto a la no causa-efecto del “yo” coinciden Buda y Nietzsche, en general, la creencia en la causa y efecto es un aspecto clave en el budismo, y sin tal relación de causa y efecto la mayoría de axiomas en los que el budismo se basa se derrumbarían.

En otras palabras, no soy un sujeto que piensa, sino un mero flujo de pensamientos que surgen y desaparecen a su antojo, creando a su paso la ilusión del sujeto. Aunque respecto a esto hay un matiz: aunque los pensamientos vienen cuando ellos quieren tal y como Nietzsche señala, una vez tomamos conciencia de ese “yo” irreal y del flujo de pensamientos que lo crea, podemos llegar a controlar tal flujo, lo cual puede parecer contradictorio, pues ¿quién es el que toma conciencia de ese “yo”, quién es el que controla tal “flujo”?  La respuesta es ese mismo “yo”. Deshacernos de la ilusión del “yo” no significa que ese “yo” deje de existir, que nuestra conciencia deje de existir, sino que el mismo “yo”, la misma conciencia, es consciente de su impermanencia y de su naturaleza ireal y se observa a sí mismo en tercera persona, autocontrolándose.

Se que el tema puede resultar un tanto complicado de comprender, sobre todo si se explica de manera tan breve como yo lo he hecho aquí y con mi dudosa capacidad de exposición, por lo que intento resumir las conclusiones esquemáticamente de la siguiente forma:

  • Descartes: 
    • La existencia, el “yo”, se demuestra a través del propio pensamiento. Mi pensamiento existe, y lo ha debido de crear un “yo” que piense, luego yo existo.
  • Nietzche: 
    • El “yo” no se puede demostrar a través del pensamiento, porque no se a ciencia cierta si hay relación causa efecto entre yo y pensamiento ni el orden de dicha relación si la hay, ni siquiera sé exactamente qué es pensar ni si dicho pensar es una acción que deba tener un sujeto que la realice.
    • La unidad que designamos como “yo” es un cuerpo que encierra un conjunto de percepciones, sensaciones e ideas en constante tensión.
  • Buda:
    • Del cuerpo y de lo percibido surge la percepción, de la percepción surge la conciencia, y de la conciencia surge el “yo”. Cuerpo, percepción, fenómenos percibidos, conciencia y “yo” son fenómenos interdependientes. Hay un “yo” con capacidad de pensar, pero este “yo” es creado a partir del propio pensamiento.
    • Ese “yo” es un conjunto (y un producto) de percepciones, sensaciones e ideas, un conjunto de conciencias en constante tensión. En ninguna parte de ese conjunto, ni en el conjunto en sí, hay nada que pueda ser designado permanente e indivisiblemente como “yo”.

Me despido citando a Hermann Hesse en El lobo estepario:

Y es que, claro, el pecho, el cuerpo no es nunca más que uno; pero las almas que viven dentro no son dos, ni cinco, sino innumerables; el hombre es una cebolla de cien telas, un tejido compuesto de muchos hilos. Esto lo reconocieron y lo supieron con exactitud los antiguos asiarcas, y en el budismo se inventó una técnica precisa para desenmascarar el mito de la personalidad. Pintoresco y complejo es el juego de la vida: este mito, por desenmascarar el cual se afanó tanto la India durante mil años, es el mismo por cuyo sostenimiento y vigorización ha trabajado el mundo occidental también con tanto ahínco.

@ElBudaCurioso

Referencias:

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Nietzsche y el desapego

Tenemos que darnos a nosotros mismos nuestras pruebas de que estamos destinados a la independencia y al mando; y hacer esto a tiempo. No debernos eludir nuestras pruebas, a pesar de que acaso sean ellas el juego más peligroso que quepa jugar y sean, en última instancia, sólo pruebas que exhibimos ante nosotros mismos como testigos, y ante ningún otro juez. No quedar adheridos a ninguna persona: aunque sea la más amada, – toda persona es una cárcel, y también un rincón. No quedar adheridos a ninguna patria: aunque sea la que más sufra y la más necesitada de ayuda, – menos difícil resulta desvincular nuestro corazón de una patria victoriosa. No quedar adheridos a ninguna compasión: aunque se dirigiese a hombres superiores, en cuyo raro martirio y desamparo un azar ha hecho que fijemos nosotros la mirada. No quedar adheridos a ninguna ciencia: aunque nos atraiga hacia sí con los descubrimientos más preciosos, al parecer reservados precisamente a nosotros. No quedar adheridos a nuestro propio desasimiento, a aquella voluptuosa lejanía y extranjería del pájaro que huye cada vez más lejos hacia la altura, a fin de ver cada vez más cosas por debajo de sí: – peligro del que vuela. No quedar adheridos a nuestras virtudes ni convertirnos, en cuanto totalidad, en víctima de cualquiera de nuestras singularidades, por ejemplo de nuestra «hospitalidad»: ése es el peligro de los peligros para las almas de elevado linaje y ricas, las cuales se tratan a sí mismas con prodigalidad, casi con indiferencia, y llevan tan lejos la virtud de la liberalidad que la convierten en un vicio. Hay que saber reservarse: ésta es la más fuerte prueba de independencia.

– F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal

Como bien dice Nietzsche en las primeras frases, somos los únicos jueces, a la vez que testigos, de nuestras propias acciones. Nosotros tenemos que demostrarnos nuestro propio control sobre nosotros mismos. Leyéndolo se me vienen a la mente estos versos del Dhammapada (una colección de versos atribuidos al Buda):

No deberíamos considerar los fallos de los demás, ni lo que los otros han hecho o dejado de hacer, sino nuestros propios actos cometidos u omitidos.

Uno mismo es su propio refugio. ¡Qué otro refugio podría haber! Habiéndose controlado a uno mismo, se obtiene un refugio difícil de conseguir.

– Dhammapada, versos 50 y 166, respectivamente.

Prosigue de cómo no hay que quedar adheridos a nada. Bien es vedad que Nietzsche no pretendía con este desapego cosa tan vulgar como la felicidad, sino la pura libertad y la independencia del ser. Aunque no inmediato, su objetivo último era la felicidad, por lo que de nuevo no puedo evitar recordar estos otros versos:

El santo se desapega de todo y no se implica en la avidez sensual. Cuando le alcanza la felicidad o el sufrimiento, con sabiduría no se deja afectar ni por la euforia ni por el abatimiento.

Evita la identificación con lo querido, porque la separación de ello representa dolor; las ataduras no existen para aquel que no hace diferencias entre querido y no querido.

– Dhammapada, versos 83 y 211, respectivamente.

 

Las últimas frases me recuerdan por su parte este otro verso, que bien valdrían, además, para resumir el pasaje entero:

Esta mente voluble e inestable, tan difícil de gobernar, la endereza el sabio como el arquero endereza la flecha.

– Dhammapada, verso 33

 

En Bosque Theravada puedes encontrar esta traducción en español del Dhammapada.

@ElBudaCurioso

Nietzsche contra Buda: el budismo como moral

Seguro que alguna vez, al igual que a mí, se te ha ocurrido lo siguiente: ¿no es al cabo el budismo otra filosofía más?, ¿no supone acaso otra moral más que proclama la verdad como punto de partida y la felicidad como destino?, ¿no está también originada por unas causas y condiciones tal y como formula el propio concepto del surgir dependiente en el que se basa? Seguir leyendo “Nietzsche contra Buda: el budismo como moral”

No-Yo (reflexión nocturna)

Que conste que esta reflexión está escrita a altas horas de la madrugada en una de esas típicas noches en vela en las que la capacidad de raciocinio no sea probablemente la más adecuada para tales menesteres, por lo que quizá, además de catalogarlo como un post de humor, deba escribir a modo de advertencia aquello que Hesse ya advertía en El lobo estepario:

Sólo para locos. La entrada cuesta la razón. 

La cosa va sobre el la ausencia de un “yo” real: Seguir leyendo “No-Yo (reflexión nocturna)”

Nietzsche contra Buda: el vacío

He aquí uno de los muchos puntos en los que Nietzsche se acercaba al budismo de tal manera que casi parece decir lo mismo que Buda. Y es que, de forma muy similar al concepto budista de vacío, Nietzsche afirmaba que los objetos y fenómenos que percibimos como reales son meras ilusiones psicológicas producidas en la mente del observador. Es decir, la realidad que observamos es una mera proyección de nuestras ideas. Nada por tanto existe como tal sin la mente que lo designa, no hay habiendo separación entre ésta y el objeto o fenómeno designado.

Seguir leyendo “Nietzsche contra Buda: el vacío”

Nietzsche contra Buda: Introducción

Por raro que pueda parecer a aquellos que conozcan su obra, yo me hice budista gracias a Nietzsche.

Nietzsche para mí, más que un creador de una nueva filosofía, es un destructor de toda filosofía anterior. Leerlo me hizo comprender la cantidad de falacias en las cuales se han basado hasta ahora las principales religiones, culturas, etc.. Cambió mi modo de razonar y concebir la realidad por completo. Seguir leyendo “Nietzsche contra Buda: Introducción”

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