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El Buda Curioso

Blog sobre budismo, meditación, y otros

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respiración

El comité de la mente

Una de las primeras cosas que aprendes sobre la mente cuando comienzas con la meditación es que tiene muchas mentes.  Esto es porque tienes muchas ideas diferentes sobre cómo satisfacer tus necesidades y encontrar el bienestar, y muchos deseos diferentes basados en esas ideas. Dichas ideas se reducen a diferentes nociones acerca de aquello que constituye la felicidad, dónde ésta puede ser encontrada y quién eres tú como persona: tus necesidades de ciertos tipos de placer y tus habilidades para proveerte de dichos placeres. Por consiguiente, cada deseo actúa como una semilla para un tipo particular de percepción de quién eres y del mundo que te rodea. Seguir leyendo “El comité de la mente”

Respirando

Al principio piensas: “Yo estoy respirando”. El aire entra, el aire sale. Lo siento cerca de mi nariz. Al poco tiempo te olvidas de “Yo estoy respirando”. Ya no hay más “yo” ni más respiración. No hay aire que entre, ni aire que salga. No hay nariz. Hay sensación y consciencia de, y esto es pura sensación y pura atención, ya no pensamos más en las sensaciones. Estás directamente en contacto con esta sensación y es pura sensación, ni tan siquiera aire. Aire es una idea, nariz es una idea, entrar es una idea, salir es una idea. Todo esto se va y la mente entra en contacto directo con una sensación y hay pura conciencia, pura atención, sin añadidos, sin conceptos añadidos. Ni tan siquiera estás pensando en surgir y desvanecerse. Ni tan siquiera piensas en las sensaciones o la atención. Seguir leyendo “Respirando”

Diario de práctica: Respiración

Primer post perteneciente al diario de práctica del Satipatthana Sutta.

En el Sattipatthana Sutta se indican cuatro objetos en los que establecer la atención consciente: cuerpo, sensaciones, mente y objetos mentales. He decidido ir entrenando en cada sesión de meditación uno sólo de dichos objetos o entrenamientos, por orden, y a medida que vaya avanzando en cada uno de ellos, ir uniéndolos hasta conseguir realizar a la vez todas las indicaciones que se dan en el Sattipathana Sutta en la misma sesión de meditación.

Respecto al cuerpo, el primer entrenamiento se basa en la respiración, y precisamente esto he practicado en las primeras sesiones.

Usar la respiración como objeto a donde enfocar nuestra atención de manera consciente es una de las técnicas más sencillas de realizar, además de un muy eficaz método de relajación. Ya que es algo universal a lo que podemos recurrir en cualquier lugar y en cualquier momento sin depender de nada externo, en casi todas las tradiciones, sean budistas o no, la respiración representa un papel clave en la meditación.

Primeras sesiones:

Y ¿cómo, monjes, el monje mora contemplando el cuerpo como cuerpo? He aquí, monjes, el monje va al bosque, al pie de un árbol o a una choza vacía y se sienta; habiendo cruzado las piernas, pone su cuerpo erguido y establece su atención consciente enfrente. Siempre conscientemente atento inhala y conscientemente atento exhala. Cuando hace una inhalación larga, entiende: ‘mi inhalación es larga’; o cuando hace una exhalación larga, entiende: ‘mi exhalación es larga’. Cuando hace una inhalación corta, entiende: ‘mi inhalación es corta’; o cuando hace una exhalación corta, entiende: ‘mi exhalación es corta’. Y se entrena así: ‘Voy a inhalar experimentando el cuerpo entero’; y se entrena así: ‘Voy a exhalar experimentando el cuerpo entero’. Y se entrena así: ‘Voy a inhalar calmando las formaciones corporales’; y se entrena así: ‘Voy a exhalar calmando las formaciones corporales’. Al igual que un hábil tornero o su aprendiz, al hacer un gran giro entiende: ‘estoy haciendo un giro grande’; o al hacer un giro pequeño entiende: ‘estoy haciendo un giro pequeño’, de la misma manera, monjes, el monje, cuando hace una inhalación larga, entiende: ‘mi inhalación es larga’… y se entrena así: ‘Voy a exhalar calmando las formaciones corporales’.

1. Lugar y postura

Obviamente no he seguido al pie de la letra lo que el Sutta dice, por lo que ni me he hecho monje ni me he ido al bosque a meditar. Simplemente me he sentado en la habitación más tranquila de mi casa, en el suelo sobre un cojín, con las piernas cruzadas y la espalda recta, y poco más. Aunque una silla normal y corriente también hubiese valido, y lo de cruzar las piernas tampoco es imprescindible.

En el lugar donde trabajo tenemos un pequeño patio bastante tranquilo y agradable donde los trabajadores solemos ir para tomar un poco de aire fresco, fumar y demás. Algunos días, durante la pausa del trabajo, o las pausas, fueren de 5, 10 o 15 minutos, también he realizado dicha práctica. Sentado en una silla, entre pájaros piando y compañeros fumando, he practicado.

2. Mente en blanco

La actividad natural de nuestra mente es pensar, hacer surgir pensamientos y sensaciones, en todo momento y de manera involuntaria o subconsciente. Esto ni se puede parar ni es nuestro objetivo hacerlo, pero sí que podemos no centrarnos en dichos pensamientos, ignorarlos.

La mejor manera de dejar la mente en blanco es precisamente olvidarte de dejarla en blanco, enfocando tu atención hacia cualquier otro objeto, y eso es exactamente lo que vamos a hacer, enfocar nuestra atención hacia la respiración, de manera que nuestra mente estará ocupada con tal menester. Sea lo que sea lo que pase por tu cabeza, ignóralo. No intentes de manera voluntaria pensar o recordar nada, ignora todo pensamiento que surja. Céntrate sólo en tu respiración, tal y como explico más adelante.

De todos modos, tampoco te obsesiones por esto de dejar la mente en blanco. De hecho, mientras más te obsesiones más actividad mental tendrás en la cabeza. Habrá días en los que te sea muy sencillo relajarte y no pensar en nada, y otros en los que tu actividad mental te impida varios segundos de tranquilidad. Mi consejo es que no te fuerces: si no se puede, no se puede. Tómatelo con humor e inténtalo en otro momento.

3. Respiración

Como ya he comentado en otras ocasiones, aunque en teoría esto de enfocar la atención en la respiración es sencillo, a mí me cuesta cierto trabajo, pues se trata de respirar de manera natural, cosa que yo soy incapaz de hacer si me lo propongo. Es decir, en cuanto pienso en la respiración, automáticamente dejo de respirar de manera inconsciente y empiezo a forzarla de manera voluntaria. Consciente de este problema, me lo he tomado con filosofía, por decirlo de algún modo, y he continuado entrenando este aspecto sesión tras sesión. Poco a poco, el problema ha ido desapareciendo, de manera que hoy en día puedo centrarme en mi respiración sin que esta sea forzada.

Sentado, con el cuerpo relajado, cómodo y con la espalda recta, he enfocado toda mi atención hacia la respiración. En los primeros momentos de cada sesión me he limitado a observar el proceso completo de inhalar y exhalar, cómo mi cuerpo actuaba y lo que sentía.

Pero cuidado, no se trata de imaginarte cómo el aire entra a través de tu nariz, cómo fluye hasta tus pulmones o cómo estos trabajan, sino que se trata de sentirlo, de centrarte en lo que sientes. Hay una pequeña gran diferencia entre imaginar y sentir. Cuando imaginamos, damos rienda suelta a nuestra mente, la cual crea de manera rápida una realidad en la cual nos centramos. Pero aquí no se trata de eso, aquí se trata de centrarse en nuestra respiración, sin imaginación, sin pensamientos. Simplemente atender a lo que en nuestro cuerpo ocurre, sin averiguar por qué o cómo. Sentir de manera consciente, con la totalidad de nuestros sentidos, cómo nuestro cuerpo inhala y exhala. Punto.

Tampoco se trata de autonarrarnos cada acción que hacemos tal y como el Sutta puede dar a entender. Mientras inhalamos, no hay que decir mentalmente: “soy consciente de que inhalo”… No. Simplemente sé consciente, pero no te lo narres.

Enfocar la atención al proceso completo de respiración puede ser a veces difícil, pues la frontera entre lo que experimentamos y lo que imaginamos es difícil de definir, y como he dicho no se trata de imaginar. Hay veces que mi imaginación está tan juguetona que he llegado a “ver” como mis pulmones tragaban el aire y lo expulsaban. Cuando esto pasaba, enfocaba mi atención a elementos más sencillos dentro del proceso de respiración, de manera que pudiese controlar un poco más mi imaginación. Por ejemplo, a sentir el aire entrando y saliente por mis fosas nasales. Otra veces, simplemente contaba mentalmente el número de veces que inhalaba y exhalaba.

En fin, da igual cómo lo hagas, simplemente se trata de ser plenamente consciente de que estás ahí sentado inhalando y exhalando aire, sin pensar en otra cosa, sin imaginar nada.

4. Tiempo

Mis sesiones han durado desde apenas 5 minutos (en las pausas del trabajo) hasta casi una hora. En ningún momento me he forzado a sentarme a practicar ni en continuar haciéndolo una vez sentado, sino que lo he hecho cuando y durante el tiempo que me apetecía. Hay días que no he conseguido practicar ni un minuto, y otros en los que he hecho varias sesiones largas. Curiosamente, en mis días libres apenas he practicado, pues aunque disponía del tiempo y tranquilidad necesaria, no lo necesitaba y por tanto no me apetecía. Sin embargo en los días de trabajo,especialmente aquellos días con mucho estrés, “el cuerpo me lo pedía”, por lo que he practicado mucho y de manera muy productiva.

@ElBudaCurioso

Fúndete

Ahora es el momento, así que siéntate en una postura cómoda y relájate, vas a meditar hasta fundirte con tu entorno. Da igual si lo haces en una silla, en el suelo, en la postura del loto o donde te de la gana. Tampoco importa si estás en tu casa o en la más verde de todas las praderas. Con la espalda recta pero sin tensarla, presta unos instantes de atención:

Mantén durante un momento la atención en tu cuerpo. Siente el Seguir leyendo “Fúndete”

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